Todos sabíamos que iba a pasar y pasó, llegó. La bronca.
Le habíamos dado vueltas durante el puente, lo habíamos mirado desde todos los puntos de vista posibles. La profesora nos reunió en la 23 después de un examen que más había parecido una venganza, empezando por correr, dorsales y saltos.
Apenas si nos dejó exponer nuestros argumentos. No se podía comentar, ni grabar, ni hablar, ni criticar, ni opinar, ni en clase, ni en los vestuarios, ni en la calle. ¡Ni en tu casa! ¿Pensaba ponermos un micro? ¿Cómo podía confiar nuestra tutora tan poco en nosotras? Parecía profundamente decepcionada, cuando nosotros no habíamos hecho más que bromear con algo con el que todos se habían reído.
Pero siempre es culpa nuestra. Pase lo que pase, siempre, de alguna manera, 3º se implica. Somos tan numerosas que es muy fácil echarnos la culpa. Somo la diana del conservatorio. Y nosotras, que pensabamos que nuestra profesora consideraría que no había sido más que cosas de niños, también a nosotros nos decepciona.
Mañana será un día de caras largas. Mamá no deja de repetir que tengo que comprarme un vestido para la boda. Para eso estoy yo, para rebajas. No. Mejor presencial nuestro funeral de alegría en clase. No me lo perdería.
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