Y si llegó el cursillo, aunque no creo que hubieramos perdido nada por no hacerlo. Una clase normal, como cualquier otra, pero con un nivel mucho más bajo. Es que vamos para atrás, y no como los cangrejos, porque los cangrejos van de lado y seguro que están hartos de que les traten como imbéciles a los pobres cangrejos.
También tuvimos actuación del Día de la Mujer y sesión de imitación de Fama. Fui en un momento todos los profesores menos Lola, porque no me sale muy bien. Y luego también interpreté a Vicky con mi Quique/Marcos personal, aunque le cambiamos la cogida de la coreo de la inmunidad y pusimos la otra que nos sale mucho mejor, vayámos a comparar. Y mientras la profesora decía que no hicieramos locuras que ibamos a salir al escenario. Vamos, que si nos íbamos a partir la crisma, mejor luego, que se estropeaba la coreografía. Y aunque se adelantaron en un punto y el suelo escurría como sus muertos, no salió demasiado mal.
Pero mañana, además del cursillo, Fátima no ha dicho que tenemos puntas y algunas también repertorio. Si, ¿y qué más? Hemos pedido que nos cambien el horario de las clases de Ana Baselga y que nos pongan con el segundo nivel, así que, con un poco de suerte, entramos más tarde y no tenemos que ir a las clases de Fátima. No por nada, si no porque hay que estudiar. La vida de estudiante es que es muy dura. Para unos más que para otros.
Así pues, entre el número elevado de alumnos, el reducido espacio de la 32 y que la tarima crujía cada vez que cambiaba de peso, pues no ha sido un día de cursillo especialmente apasionante. Quizá mañana tengamos más suerte. Quizás.
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