miércoles, 8 de octubre de 2008

Fantasía

Miro fijamente tu espalda, mientras se levanta de mi cama. Cada una de las fibras de mi ser se estremece ante el movimiento de tu cuerpo al cimbrearse. Te giras lentamente. Me sonríes. Mi corazón gotea lentamente al filo de la cama. Aún tengo el gusto de tus labios en mi boca, siento la ávidez de tus manos sobre mi piel. Cada uno de tus supiros fue a enredarse en mi pelo, y ahí permanecerán para acompañarme el resto noche. Me pregunto si realmente tienes que marcharte, y tus ojos me dicen que sí, muy bajito, de forma que solo yo puedo escucharte. Corren raudos, acarician mi oído, con palabras de ambrosía.
Observo cada una de las líneas de tu cuerpo. Como tu piel se estremece, como tus palabras mueren en tus labios, reviven en tus ojos. Te sientas junto a mí, y tu proximidad casi me ciega. Me olvido de respirar y la muerte se aproxima junto a tus manos. Inspiro al fin, maravillada. Cada uno de tus poros es una isla donde olvidarme a la calidez de la luz que destila tu sonrisa.
Me parece un sueño. Tu. Yo. Ser de nuevo dos, no dos, ser de nuevos el mismo. Ni yo soy tu, ni tu eres yo, los dos somos la perfecta relación entre amor y desenfreno.

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