domingo, 12 de octubre de 2008

Nada. Música. Las sábanas revueltas. La puerta cerrada. La ropa tirada por el suelo, sobre la mesa, en la lámpara. Fuera, el viento azota las copas de los árboles sin ninguna piedad. Mis ojos recorren tu piel en toda su extensión. Permanezco a una distancia prudente mientras duermes. Tu pecho sube y baja con tranquilidad, como si realmente no tuviera otra cosa que hacer. Un deseo irrefrenable de besarte me atenaza, pero me mantengo firme e inmóvil junto a tí, procurando no despertarte.
Cierro los ojos un momento, y cuando vuelvo abrirlos, ya no estás. La cama vuelve a estar vacía. La ropa en su sitio. Silencio.
Ojalá estuvieras aquí conmigo. Necesito verte, tenerte cerca.
Te echo de menos.

No hay comentarios: