viernes, 26 de diciembre de 2008

Amistad para siempre.


Hay veces en nuestra vida en los que nos acostumbramos a que las cosas sean tal y como son, digamos que, alcazamos un punto en el que dejan de cambiar. Por eso los cambios nos afectan tanto.

A veces pasa eso con tus amigos. Pensáis que sois los que sois y que lo seréis siempre y, de repente, aparece alguien nuevo. Esta sensación es mucho más fuerte cuando esa persona la traes tú al grupo, sin saber como, ni por qué.

Y entonces, esa persona comienza a adueñarse de tus amigos. Al principio, simplemente cogen una rápida confianza, y eso incrementa tu ego, ya que crees que has hecho algo bueno al ayudar a esa persona a hacer nuevos amigos.

La cosa cuando esta persona te llama y te dice:

- Hemos quedado, ¿Te vienes?

- Quedado, ¿quiénes?
- Pues nosotros.

¿Nosotros? Piensas. ¿Cómo que nosotros? Tú no eres un NOSOTROS. Ese pensamiento te asusta, al principio. Es ruín, y ciertamente egoísta. Pero, ¿a quién no le dolería que sus amigos llamaran antes a un recién llegado que a uno mismo? Con él que llevan años, el que aguantó sus penas y sus alegrías, el que estuvo allí, y llamó cuando no pudo estar. ¿Se han cansado de mí? ¿es eso?

Te están arrebatando a tus amigos. Su nombre aparece en sus niks, y el tuyo hace siglos que no aparece en ninguna parte.

Hay amigos y amigos. Los de verdad, y los que llaman hasta encontrar a alguien mejor.

María, a mí, siempre me tendrás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

esa historia me suena.... TQ GLOOO!!!