domingo, 14 de diciembre de 2008


Me doy cuenta de lo mucho que dependo aún de tí para mi día a día. Para sonreír, para sentirme querida, para saber que puedo ser feliz. Para sentirme hermosa. Para saber que habrá alguien esperándome al final del día, dispuesto a decirme que me quiere - aún, y a pesar de todo.

Que aunque quisiera enfadarme contigo no puedo. Tampoco me das motivos, pero sé que si me propusiera odiarte sería tan imposible como abrir el cielo en dos. Y tampoco quiero hacerlo. Sería como odiarme a mi misma, y eso si que sería absurdo.

Me haces sumamente feliz, y eso me basta. Aunque me vuelva cursi cuando me dices que me quieres, o tenga que soportar esa frase que empieza "Es que desde que se ha echado novio..." y que acaba de cualquier manera (Parece ser que para mis compañeros de clase, eres el origen de todos mis males.)

Son muchas las cosas que han cambiado. Cosas que antes me habrían destrozado no son tanto. Y aunque duelan, porque dolerán siempre, tenerte es una forma de superarlas. Y aunque se que no puedo apoyarme en ti para todo, y que no debo esperarlo todo de ti, te quiero de igual forma.

No necesito que me prometas que estaremos juntos siempre. Prometeme que estarás hoy, y será suficiente.

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