domingo, 15 de febrero de 2009

San Valentin.


El amor no esta hecho para apresarlo dentro de nosotros y derramarlo lágrima a lágrima en palabras huecas y tópicos absurdos. No está hecho para esconderlo como si no existiera y fingiéramos que no nos importa pasar solos las noches de luna llena. El amor no esta hecho para ser de color rojo y que el Corte Inglés lo ponga en un escaparate.

El amor está hecho para que lo toques. Para que lo soples y lo sientas en el pelo. El amor está hecho para que vuele y venga, caprichoso, a enredarse en tu almohada. Para que hables con él. Para que hables conmigo. Para que sonreir al levantarse no sea una obligación. Para sentirme hermosa aunque hasta el espejo se haya vuelto gris. Para saber que alguien te dedica su amor. Un amor que no es rojo. Es transparente, como tus ojos cuando me miras. Cuando tus palabras cuando dices que me amas. Como tu alma cuando me buscas en la oscuridad.

Todo se ha alineado para que tu y yo estemos juntos. No importa que sea Febrero. No importa que sea 14. No importa que las ventas de barras de labios se hayan disparado por la crisis. Importa que te quiero. No el día que sea.

Caminos.


La vida sigue su curso, sin importar si somos capaces de seguir su ritmo. Ya nadie se preocupa por nadie y, ahora que por fin ha vuelto a salir el Sol, asomamos nuestros rostros cerúleos que fueron consumiendose con el paso del invierno. Cayeron tantas lluvias que el cielo sin nubes parecía idílico.

Flaquearon las fuerzas a lo largo del camino. En todos los ámbitos de mi vida, profesional, académico, en las relaciones amorosas como en las de amistad, me vi sacudida por un viento incesante que aún me pregunto si sigue soplando o verdaderamente amainó.

Mi cuerpo se cimbrea de un lado para otro. La familia se inmiscue en el amor. El amor se inmiscue en los estudios, los estudios en la danza, la danza en todas partes. Siempre está en todas partes.

Aprendo a vivir con todo hacia delante. Pero a menudo me pregunto si puedo. A menudo me pregunto si realmente soy tan increíble como la gente que cree. Si estoy asumiendo un rol que en realidad no me corresponde.

A menudo me pregunto si no sería más fácil dejar de empujar, sentarme en el suelo y descansar. También llorar, si lo necesito. Últimamente me resulta tan fácil como respirar. Y más necesario, para mi desgracia.