
Había vuelto ha soñar.
La luz tenue, el candor
de los cuerpos encendidos
y el sudor de tu espalda.
Me miraste, y al tiempo
te miré. Absorta.
¿Como podíamos prender
de llamas la piel del otro?
Curvas sinuosas se perdieron
en la noche, despacio.
Despacio. Lentamente.
Luz en la oscuridad.
Tus labios se perdieron
en algun punto entre mi
cuello y tus pupilas.
Ardimos en llamas.
Desperté. Sola. En silencio
puse los pies en el suelo
y lloré. Tu no estabas,
el calor se había marchado.
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