
A veces me pregunto... No sé si os pasará también a vosotros. A menudo me siento atenzada por el futuro... Como si todo lo que pienso, lo que hago, o peor aún, lo que no, fuera a influir dura e irremediablemente en mi porvenir. Aún me siento joven para que mis decisiones repercutan en mi de esa manera tan a largo plazo. Porque así no sé si lo que estoy haciendo ahora me beneficiará en el futuro o me condenará al fracaso. Y esa ambigüedad no es buena para mis nervios.
Pero bueno. Los días pasan, unos rápidos y otros no tanto. Y poco a poco podremos ir descubriendo las recompensas y los castigos de nuestras decisiones.
¿Quién sabe si la carrera que ha decidido no lo convertirá en un triunfador, o en un parado sempiterno? ¿O si la persona con la que compartirá los momentos más felices de su vida no se encuentra ya junto a él? ¿ O si quién pensamos que es, en realidad, nos acabará olvidando?
Prefiero no pensar en estas cosas. Quizás, si el presente es perfecto, es mejor creer que el futuro lo seguirá siendo. Y afrontar las cosas cuando vengan, cuando sea su momento.