sábado, 25 de abril de 2009

Cansancio.


Tenía los ojos cerrados, y la cabeza apoyada contra el cristal de autobús, con un ronroneo incesante. Me dolía el cuerpo, y ya no podía ni sostener mis propios párpados. Llegar a casa no mejoraría las cosas, así que deseaba que el trayecto no terminara nunca. Todo lo que tenía que hacer... para llegar al día siguiente, y volver a repetirlo. Suspiré. Abrí los ojos, y poco había cambiado. La gente que me rodeaba se encontraba ajena a mi cansancio, como era de esperar. Cada uno vivimos nuestra vida de forma frenética sin pararnos a pensar en la gente que nos rodea, ni siquiera reparamos en las personas que están realmente cercanas a nosotros. Preferimos acunarnos en nuestra propia frustración.
Era duro. A menudo pienso que continuamos hacia delante por pura inercia. Que el día que digamos de pararnos, no se como vamos a volver a arrancar. Por eso, es mejor no detenerse. Cuando lleguemos al final, podremos valorar si mereció la pena o no. Al día de hoy, lo único que podemos hacer es continuar.
No podrán con nosotros.

martes, 21 de abril de 2009

Playa


Sentía la brisa que se elevaba desde las olas, trayendome un olor salado y fresco, que recordaba a días de verano. Podía sentir las caricias de los rayos del Sol de Abril, el tacto de la arena tibia en mis pies. El sonido de las gaviotas, muy lejos de mí, el arrullo del mar.
Pero había algo más cerca, más cálido, más hermoso, más apaciguador. También era tibio, también era suave, y dentro, latía un corazón. Su respiración se perdía entre los mechones de mi pelo, y sus manos entrelazaban sus dedos en torno a mi cintura. Su voz en mi oído. Su voz en mi cabeza. Su voz en mi alma.
Sus palabras se mezclaban con el rumor de las olas. Puedo sentir el calor de su piel, rozando mi cuerpo desnudo, sentir como traspasa mi propia piel, como da aliento a mis latidos.
Tenerle allí superaba todos mis sueños, todos mis anhelos se resumían en tu proximidad. Jamás pensé que llegaría a acercarme tanto a alguien, más allá de la desnudez.
Le amaba. No podía negarlo de ninguna de las maneras. No podía huir de ello. Y menos cuando me hacía tan sumamente feliz tenerle allí.
Era todo lo que necesitaba.