
Tenía los ojos cerrados, y la cabeza apoyada contra el cristal de autobús, con un ronroneo incesante. Me dolía el cuerpo, y ya no podía ni sostener mis propios párpados. Llegar a casa no mejoraría las cosas, así que deseaba que el trayecto no terminara nunca. Todo lo que tenía que hacer... para llegar al día siguiente, y volver a repetirlo. Suspiré. Abrí los ojos, y poco había cambiado. La gente que me rodeaba se encontraba ajena a mi cansancio, como era de esperar. Cada uno vivimos nuestra vida de forma frenética sin pararnos a pensar en la gente que nos rodea, ni siquiera reparamos en las personas que están realmente cercanas a nosotros. Preferimos acunarnos en nuestra propia frustración.
Era duro. A menudo pienso que continuamos hacia delante por pura inercia. Que el día que digamos de pararnos, no se como vamos a volver a arrancar. Por eso, es mejor no detenerse. Cuando lleguemos al final, podremos valorar si mereció la pena o no. Al día de hoy, lo único que podemos hacer es continuar.
No podrán con nosotros.
Era duro. A menudo pienso que continuamos hacia delante por pura inercia. Que el día que digamos de pararnos, no se como vamos a volver a arrancar. Por eso, es mejor no detenerse. Cuando lleguemos al final, podremos valorar si mereció la pena o no. Al día de hoy, lo único que podemos hacer es continuar.
No podrán con nosotros.
